Se ha observado en esta semana, dada la alta tasa de contagios por COVID-19 y el sistema sanitario santiaguino casi a tope de su capacidad máxima, las autoridades han tomado la decisión de trasladar pacientes desde la Región Metropolitana a diferentes zonas del país. Pero la duda que se ha sucitado ante esta delicada situación es qué sucede si este paciente trasladado fallece lejos de sus seres queridos, ¿dónde debería ser enterrado?

El abogado y jefe de carrera de derecho de la Universidad la República, Héctor Sandoval Durán, y panelista de ODS Noticias Chillán, nos aclara todas las dudas al respecto.

“El protocolo establecido para enfermos de COVID-19 para este último caso; endurecido para evitar el contacto de familiares y en beneficio a prevenir  otros contagios, se hace desde un punto de vista de la población “insensible” y doloroso”, sostiene el jurista.

Ello pues el fallecido, en un recinto asistencial permite acceso de familiares a la zona de aislamiento, para una breve despedida, sin tener contacto físico con el cadáver y prohibiéndolo ,además, con cualquier otro elemento en el entorno que pudiera posiblemente estar contaminado.  Al entrar a la sala, deberán realizar todo el procedimiento de postura de guantes, mascarilla y bata.  Todos estos elementos desechables.

Como en general la costumbre reza, en cuanto a que son los familiares quienes realizan el “rito funerario”, de vestir a su difunto y prepararlo, en el caso de fallecimiento por Covid-19, ningún familiar podrá lavar el cuerpo ni vestirlo.  Cuestión aparte es en relación a los elementos personales, ya que al respecto no se establece qué deberá hacerse.  El sentido común pudiera decir, que si existe algún elemento de valor este pudiera ser sanitizado para luego hacer entrega a sus familiares.

El protocolo continúa señalando, siguió planteando el profesional, que luego de esta breve despedida, se introduce el cuerpo en una bolsa impermeable, desinfectado para ser trasladado a la morgue del lugar.

Para el funeral, el cuerpo debe ser introducido en un féretro, no existiendo restricciones para el velatorio, pero estando el ataúd sellado.

Luego, también se establece un protocolo para funerales.  En este caso el proceso no debe durar más allá de 90 minutos y al ingreso al cementerio, solo se autorizan 20 personas.

¿Qué ocurre con aquellos trasladados de una ciudad a otra y fallecen en el lugar donde son enviados?

“Los protocolos existentes son para el traslado, cómo debe realizarse y la precauciones del personal que acompaña al paciente.  Ahora en cuestión del fallecimiento, no existe algo claro al respecto. Sólo, como se ha dicho, por sentido común, debiese ser el mismo Estado u organismo que ordena el traslado quien se haga cargo de llevarlo de vuelta para la despedida de sus familiares.  Proceso que pudiera ser incluso más doloroso que el anterior, pues debería, por seguridad, realizarse en un ataúd sellado, y que posiblemente haga imposible ver al familiar fallecido”, sostuvo el académico.

El profesional señala que una solución, “puede ser que se traslade a los familiares al lugar de fallecimiento para la despedida y posterior vuelta a su ciudad, con el cuerpo, para las exequias. Lo que indudablemente se verá caso a caso. Es de esperarse, que en relación a ello, la autoridad sanitaria establezca una forma que asegure la despedida de sus familiares y la posibilidad de dar sepultura al cuerpo del ser querido en su lugar de origen”, finalizó.

 

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